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Food Drinks & Restaurants
Algunas historias empiezan con ambición. Otras con un sueño y una copa de Bellini.
En 1931, en el corazón de Venecia, un hombre llamado Giuseppe Cipriani abrió las puertas de un pequeño bar cerca de la Plaza de San Marcos. Lo llamó Harry's Bar. Lo que no podía imaginar en aquel momento era que este íntimo lugar se convertiría algún día en uno de los restaurantes más famosos y queridos del mundo, un santuario de estilo, elegancia y hospitalidad atemporal.
El Harry's Bar se convirtió rápidamente en el punto de encuentro de la élite internacional. Escritores como Ernest Hemingway, artistas, aristócratas y estrellas de cine de todo el mundo se reunían allí para disfrutar de lo que hacía único al lugar: un ambiente que combinaba discreción, calidez y un servicio impecable. Cipriani creía que «el lujo es la ausencia de vulgaridad», y esa idea se convirtió en el ADN de su imperio.
Fue en este mismo bar donde nacieron dos íconos: platos que cambiarían para siempre la forma en que el mundo veía la cocina italiana:
El Carpaccio, creado para la condesa Amalia Nani Mocenigo, quien sólo podía comer carne cruda.
El Bellini, un delicado cóctel de melocotón inspirado en los tonos rosados de la obra de un pintor veneciano.
Con el paso de las décadas, el nombre Cipriani se convirtió en sinónimo de elegancia italiana. De Venecia, la marca se expandió a Nueva York, donde abrió uno de los restaurantes más exclusivos de la ciudad. El legado de Cipriani creció —de Londres a Montecarlo, de Dubái a Ibiza, de Hong Kong a Ciudad de México—, llevando la misma filosofía a cada establecimiento: una mezcla de tradición, lujo y trato humano.
Entrar a un Cipriani en cualquier parte del mundo es como volver a casa. La decoración siempre resulta familiar: madera pulida, mesas de mármol, camareros con chaqueta blanca y un suave brillo dorado que transforma una cena en una experiencia. La carta no sigue las tendencias, sino que las conserva. Cada plato cuenta una historia, cada copa de Bellini lleva consigo un toque de la luz veneciana.
Hoy, bajo la dirección de la familia Cipriani, la marca ha evolucionado más allá de los restaurantes. Existen Residencias Cipriani, hoteles de lujo e incluso clubes privados, todos con el mismo ADN: simplicidad refinada y encanto tradicional para un público moderno.
Desde los canales de Venecia hasta el horizonte de Dubái, el mundo de Cipriani se construye no solo a partir del sabor, sino también de las emociones. Se trata de pertenecer a un lugar donde el tiempo se ralentiza, la conversación fluye con facilidad y cada detalle revela belleza.
Servir es primero amar, dijo una vez Giuseppe Cipriani y ese espíritu sigue definiendo todo lo que lleva su nombre.
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